Vino Tinto

Comprar vino tinto

Si desea comprar vino tinto, ésta es su sección. Aquí encontrará los vinos tintos clasificados por zona geográfica y denominación. Nuestra oferta abarca todas las gamas de elaboraciones de vinos tintos, desde los vinos jóvenes a los gran reserva, pasando por los tintos robles, crianzas, reservas y gran reserva.

Si antes de elegir tu opción, deseas conocer algo más sobre los vinos tintos en general, te invitamos a seguir leyendo.

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¿Qué son los vinos tintos?

Son aquellos vinos elaborados a partir de variedades tintas de uva.

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Color de los vinos tintos, procedencia:

El color de los tintos procede de las sustancias colorantes que contienen las variedades tintas. En la gran mayoría de ellas, salvo algunas excepciones, estas sustancias colorantes se concentran en los hollejos (“pieles” para que nos entendamos todos) de las uvas. Durante el proceso de elaboración del vino estas sustancias colorantes pasan al mosto dando el color característico de los vinos tintos. El tipo de elaboración, edad y envejecimiento harán que unos tintos muestren tonalidades y matices distintos unos de otros.

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Variedades de uvas tintas:

Las principales variedades tintas utilizadas en España son las siguientes:


Tempranillo:

Variedad española por excelencia. La uva Tempranillo es conocida por diferentes nombres como Cencibel, Tinto Fino, Tinta del País, Ull de Llebre… Se cultiva en multitud de zonas de España, ofreciéndonos diferentes matices en sus vinos dependiendo de la región de cultivo, clima de la zona, altitud y tipos de suelo.


Garnacha Tinta:

Es una de las variedades más plantadas en España. Se considera de origen aragonés, pero se cultiva prácticamente en toda España, teniendo una fuerte presencia además de en Aragón, en Cataluña, Utiel-Requena y Madrid.


Garnacha Tintorera:

La Garnacha Tintorera presenta la particularidad de ser unas de las pocas variedades tintas que posee una pulpa coloreada, aportando por tanto bastante color a los vinos, y siendo utilizada tradicionalmente en mezclas.


Mencía:

Esta variedad se cultiva principalmente en el Bierzo, Lugo, Orense y algunas partes de Castilla y León. Proporciona tintos frescos, amables y golosos, a veces con una marcada mineralidad otorgada por las características del suelo donde se cultiva.

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Prieto Picudo:

Cultivada en León y Zamora. Esta variedad nos proporciona tintos con una buena acidez y frescura.


Graciano:

Esta variedad la encontramos principalmente en Rioja, Aragón, Navarra y Cataluña. No obstante, se cultiva en multitud de localizaciones, encontrando por ejemplo algún que otro vino extremeño que lleva Graciano en su coupage. Es una variedad que tradicionalmente se ha utilizado para mezcla. Proporciona color, potencia y estructura y sus vinos evolucionan muy bien durante la crianza. Un monovarietal de graciano, siempre es muy interesante de degustar para comprender mejor esta variedad.


Monastrell:

Su mayor presencia se da en el Sureste peninsular. Es una tinta mediterránea muy bien adaptada a la calidez y pluviometría de esta zona.


Bobal:

Esta tinta la encontramos principalmente es el Levante peninsular. Es una variedad resistente a las baja pluviometría y adaptada perfectamente al clima mediterráneo.


Cabernet Sauvignon:

Variedad mejorante de origen francés muy extendida por todo el mundo y España también. Produce vinos elegantes, con buena acidez y suele formar parte de los coupage de muchos vinos para crianza por su buena evolución con el tiempo.

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Syrah:

Variedad de origen francés con muy buena implantación en el oeste y sur de España. Nos encontramos vinos muy interesante elaborados con Syrah en Extremadura y Andalucía, el buen clima de estas zonas favorece la buena maduración de sus uvas, y con un buena elección del momento óptimo de vendimia, conseguimos unos tintos Syrah muy recomendables. Esta variedad proporciona vinos potentes, con mucho color y cuerpo, y aromas a frutas rojas y negras maduras y regaliz. Vinos con mucho cuerpo, con tendencia a “cerrarse” y que por lo tanto una buena agitación en copa para su oxigenado siempre es bienvenida, favoreciendo la liberación de sus aromas frutales y de barrica.


Merlot:

Es otra variedad francesa que se cultiva en algunos lugares de España y que por lo general se utiliza para mezclas por su potencia y buena evolución en botella.


Pinot Noir:

Variedad de origen borgoñes muy utilizada en la elaboración muchos champagnes franceses. En España se cultiva en algunas zonas, encontrando vinos muy interesantes con esta variedad en el suroeste y levante peninsular. Son vinos delicados y estructurados con una buena acidez.


Petit Verdot:

Variedad francesa que es utilizada puntualmente en algunas regiones de España para la elaboración de grandes vinos, por lo general de gama alta. Produce vinos elegantes, estructurados, marcada acidez y con un color intenso muy atractivo.


Otras:

Se utilizan en España otras muchas variedades tintas, tanto autóctonas como foráneas, dotando a la oferta de tintos española de una gran riqueza y diversidad. Mencionar sólo algunas de ellas: Caiño, Cariñena, Garnacha Peluda, Trepat, Cabernet Franc, Malbec…

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Calidad de un vino tinto, factores que influyen..

Aunque cada persona tiene sus gustos, cuando nos referimos a calidad nos referimos a características en las que todos, o prácticamente todos, estamos de acuerdo sobre su aspecto positivo o no. Cuando nos referimos a un tinto ácido, entendemos que la gran mayoría de nosotros considera que una acidez excesiva no es un algo positivo, especialmente en un tinto.

Con este premisa, os describimos algunos factores que pueden afectar a la calidad de un vino tinto.


Clima:

La temperatura es un factor fundamental para el cultivo de la vid. Las uvas necesitan una horquilla de temperatura para su correcta maduración. En España podemos notar en muchos vinos matices diferentes entre vinos del sur y del norte. En el sur de España no hay problemas de bajas temperaturas, al contrario, hay que vigilar una maduración excesivamente rápida. Es fácil encontrar vinos más cálidos en el sur y levante español debido a la influencia del clima.


Suelo:

El suelo donde se cultiven las cepas va a dotar de ciertos matices a los vinos. Por ejemplo, suelos con mucha piedra, proporcionaran mineralidad a los vinos. Por regla general, suelos pobres suelen dar mejores y más concentrados vinos aunque en menor cantidad que suelos fértiles.


Altitud:

Los viñedos a una gran altitud sobre el nivel del mar suelen proporcionarnos vinos con más acidez y concentración. En España, un buen ejemplo de estos vinos son los vinos elaborados en el Altiplano de Sierra Nevada a partir de viñedos plantados a más de 1000 metros de altitud sobre el nivel del mar. La altitud proporciona una buena amplitud térmica (diferencia entre temperaturas diurnas y nocturnas) y mejor insolación, aspectos buenos para la vid. No obstante, no todo son ventajas con los viñedos en altitud ya que sufren una mayor exposición a las heladas por ejemplo.

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Climatología:

La climatología del año será fundamental para la futura calidad de los vinos. Heladas primaverales, fuertes lluvias en la fechas de vendimia, exceso de calor en verano, etc. harán que la calidad de las uvas de ese año se merme, reflejándose posteriormente en los vinos obtenidos.


Edad del viñedo:

Viñedos viejos proporcionan mejores uvas y vinos. Las cepas viejas proporcionan menos racimos, pero de una mayor concentración y riqueza.


Variedad de uva e idoneidad:

Cada variedad nos proporciona sus matices intrínsecos, pero también vienen muy marcados por la zona de cultivo y su clima. Una desacertada elección de la variedad para la zona de cultivo, puede arruinar la futura calidad de los vinos obtenidos.


Labores culturales del viñedo:

“El vino se hace en la viña” Esta es una máxima que todo elaborador meticuloso ha tenido siempre en cuenta a la hora de conseguir un buen vino. Cada vez se le da más importancia al trabajo en el viñedo para conseguir una calidad óptima en el vino. Como dicen muchos bodegueros “Es fácil conseguir un buen vino si la uva viene bien”. Si la uva viene mal estado, es muy difícil por no decir imposible conseguir un vino decente.

Por lo tanto, las labores que se realicen a la viña marcarán el vino final. Podas en verde, control de hierbas y suelo, agricultura con parámetros ecológicos y biodinámicos, control del estrés hídrico de la planta, sistema de conducción..., serán factores que determinen la calidad del vino.


Vendimia manual o mecanizada:

Consideramos que el tipo de vendimia es un factor fundamental para obtener un buen producto final. Cualquiera de ellas puede ser buena siempre que se realice de forma adecuada. Factores como arrastre de hojas, aplastamiento de las uvas y calentamiento son algunos de los aspectos negativos a evitar. Si una vendimia mecanizada arrastra mucha hoja, se transmitirán sabores herbáceos al vino, y un tinto con sabores herbáceos puede resultar bastante desagradable al paladar. Lo mismo ocurre si los uvas se rompen por aplastamiento antes de llegar a bodega. No es lo recomendable. De ahí que siempre será preferible, desde el punto de vista de la calidad, el transporte en cajas que en grandes remolques-contenedores.

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¿Cómo se elabora un vino tinto?

A continuación os describimos las diferentes etapas en la elaboración de un vino tinto. Aunque puede haber diferencias de una bodega a otra, por regla general son las siguientes:


Recepción en bodega:

Las uvas vendimiadas son recepcionadas en bodega. Si la vendimia ha sido mecanizada las uvas se vierten en una tolva. No obstante, si la vendimia ha sido manual en cajas, dichas cajas se vacían sobre una mesa de selección donde un equipo de personas procede a retirar cualquier hoja o racimo dañado. Algo siempre positivo.

En algunas bodegas se procede a enfriar las uvas antes de procesarlas. Otras bodegas por ejemplo, han apostado fuertemente por la vendimia nocturna para evitar que toda la recogida y recepción de las uvas en bodegas se realice con las temperaturas altas diurnas que suele haber en Agosto y Septiembre.


Despalillado y Estrujado:

Por regla general, se procede a despalillar y estrujar los racimos. Esta operación la realiza un máquina que elimina la parte leñosa del racimo (escobajos) la cual trasmite asperezas y amargores. Las uvas suelen ser también estrujadas un poco para facilitar la posterior extracción del color de los hollejos (pieles de las uvas).


Maceración y fermentación alcohólica:

Las uvas estrujadas son conducidas a un depósito donde se van a macerar y fermentar durante unos días. Los hollejos irán liberando color al líquido y se realizaran remontados periódicos. En el depósito se formarán 2 fases, la líquido abajo y la sólida arriba. La sólida estará formada por las pieles de las uvas y es llamada sombrero. Con los remontados que hemos mencionado anteriormente, lo que se hace es extraer líquido de la parte inferior del depósito y rociarlo por la parte superior para que caiga encima del sombrero y favorecer la extracción de color.

En estos procesos se realiza el sulfitado necesario, y se controla la correcta marcha de la fermentación alcohólica (transformación del azúcar en alcohol por acción de las levaduras). Básicamente éste es el proceso, aunque cada bodega aporta sus matices, temperatura diferentes para fermentar, forma de los depósitos, elaboración por gravedad en su caso…

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Descube:

Una vez finalizada el grueso de la fermentación alcohólica se procede al descube. El vino se separa de los hollejos y se lleva a otro depósito para que se terminen de agotar los azúcares residuales.


Fermentación maloláctica:

Los vinos tintos se someten a esta segunda fermentación para suavizarlos en boca. Al contrario que la fermentación alcohólica, que es una fermentación por levaduras, la fermentación maloláctica es producida por bacterias. Las bacterias lácticas transforman el ácido málico en láctico, suavizando el vino. El ácido málico protege al vino pero es de una gran acidez y dureza. Su transformación en láctico, un ácido mucho más suave y con menos acidez, suaviza los vinos. El bodeguero debe saber cuando salta esta fermentación para tener bajo control el vino. Esta fermentación maloláctica es conocida también como desacidificación biológica. El hecho de que un ácido fuerte como el málico se transforme en uno débil como el láctico, mejora organolépticamente el vino, pero en cierto modo lo desprotege un poco, de ahí que el bodeguero deba conocer cuando se produce esta fermentación para tomar las medidas necesarias, optando muchas veces por demorar dicha fermentación en la medida de lo posible a una etapa más avanzada de la elaboración. Esta fermentación comienza porque se provoca mediante un cultivo de bacterias, o simplemente con el aumento de las temperaturas en la primavera.


Trasiegos:

Trasegar es mover el vino de un depósito a otro separando las partículas y sustancias que han decantado y se han situado en el fondo del depósito inicial. De esta forma se consigue que el vino vaya quedando limpio naturalmente.


Crianza:

La mayoría de los tintos que consumimos han sido sometidos a algún tipo de envejecimiento. Las crianzas pueden ser en depósitos, barricas, toneles… Los tintos se van afinando con el paso del tiempo y de la acción de la crianza. Las barricas aportan sus aromas y matices al vino, marcando el tiempo, los materiales y la labor del bodeguero la calidad final del vino.


Embotellado y crianza en botella:

Una vez definido el momento óptimo de embotellado y realizado el mismo, algunos vinos son sometidos a crianza en botella durante cierto tiempo antes de su comercialización. Otros simplemente reposan un corto periodo antes de salir al mercado. El reposo en botella siempre le viene bien a un vino tinto. En la botella los tintos se afinan, se “domestican” notablemente. Si tenéis la oportunidad de catar un tinto recién embotellado, hacedlo. Conservad otra botella del mismo embotellado y catadla unos meses después. Apreciareis que el vino catado recién embotellado está un “poco rabioso” como se dice que el argot, tiene presencia todavía de carbónico, cierta efervescencia y puede presentar aristas al paladar. El vino catado de una botella ya reposada simplemente durante unos meses, no presenta estas características, siendo mucho más suave, redondo y placentero de paladear.

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Clasificación de los vinos tintos:

Aunque se podrían hacer otro tipos de clasificaciones, según azúcar residual, grado alcohólico, etc, la principal y más relevante clasificación en tintos es dependiendo de si ha sido sometido a crianza o no y qué tipo de crianza.

La grandísima mayoría de vinos tintos comercializados son secos (menos de 5 gr/l de azúcares residuales), por lo que no tiene mucho sentido clasificarlos por el nivel de azúcar.

Por lo tanto, según su crianza tenemos:


Joven sin crianza:

Son aquellos tintos que no han sido sometidos a ningún tipo de crianza. Su destino es ser bebidos jóvenes en su esplendor de expresiones frutales. Presentan vivos colores rojos y violáceos, son suaves por lo general, y están elaborados para su consumo en el corto plazo.


Tinto roble o joven con crianza:

Son tintos jóvenes que son sometidos a un corta crianza, entre 3 y 6 meses, generalmente en barricas de roble, con los que se pretende conjuntar los aromas frutales de un vino joven con ciertos matices que proporciona la madera, pero siempre con predominio de la fruta.


Crianza:

Son aquellos tintos sometidos a una crianza mínima de 24 meses, siendo al menos 6 meses en barrica de roble y el resto en botella.

Siempre y cuando se cumplan las limitaciones anteriores, los periodos de tiempos pueden variar dependiendo de los pliegos de condiciones de las diferentes Denominaciones de Origen e Indicaciones Geográficas Protegidas. Por ejemplo, la DO Ribera del Duero y la DOCa Rioja exigen un envejecimiento mínimo de 12 meses en barricas de roble para poderlos comercializar como “CRIANZA” y con el etiquetado de dichas Denominaciones de Origen.


Reserva:

Son aquellos tintos sometidos a una crianza en barricas de roble y botella durante un periodo mínimo de 36 meses, siendo al menos 12 meses en barricas de roble.


Gran Reserva:

Para los tintos gran reserva se exige una crianza mínima de 24 meses en barricas de roble, seguida de una crianza mínima en botella de 36 meses.

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¿Cómo maridar los vinos tintos?:

No queremos quedarnos sólo con el consejo tradicional de blanco-pescado y tinto-carne. La gran riqueza de vinos y platos que gozamos en este país, bien merece la pena arriesgar un poco e ir probando otras combinaciones, siempre que el resultado final sea gratificante, que es de lo que se trata cuando hablamos de maridar comida y vino, que se potencie el resultado final y disfrute.

A continuación os lanzamos algunas propuestas dependiendo del tipo de vino tinto:


Sugerencias de maridajes para tintos jóvenes y robles:

Para tintos jóvenes o con corta crianza (roble) os proponemos los siguientes platos:

Pescados azules

Sardinas a la parrilla

Salmón puede ir muy bien con un tinto ligero de color

Arroces con carne

Salchichas y embutidos a la parrilla


Sugerencias de maridaje para tintos crianza:

Legumbres

Carnes asadas y a la parrilla

Caza menor

Quesos semicurados

Magret de pato a la piedra


Sugerencias de maridaje para tintos reserva y gran reserva:

Estos vinos son vinos complejos, con cuerpo, y van bien con platos potentes. Algunas propuestas serían:

Platos de caza mayor

Asados

Carnes rellenas con sabores potentes

Chocolate negro sólo o en postres

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